lunes, 27 de septiembre de 2010

De dos, queda uno.


Ni el era lindo, ni ella era flaca, pero juntos lograban lo que muchas parejas del siglo XXI no llegaban a conseguir jamás... producir ternura a ojos de quien los mirara.
Su relación se basaba en no esperar nada del otro, y aún así brindarle todo.
Esten en donde esten, podían sacarle una sonrisa a los demás al ver tanta felicidad junta, y hasta hacían pensar al más buitre si alguna vez le gustaría tener un poco de eso.
Cuando sus miradas se conectaban, todo lo que estaba alrededor dejaba de importar, ya que esta les permitia perderse sin correr ningún riesgo.
Todo aquel que estaba cerca se preguntaba ¿cómo logran tanta armonía de amor junta?
Hasta que un día...
Nunca nadie logró entender porque el destino decidió tenderles una trampa y separarlos. Nunca nadie supo que fue lo que pasó ya que ellos eran felices a ojos de todos los demás.
Ella sigue con su vida recortada, aunque tiene momentos de alegría nunca su mirada fue la misma (se la vió a punto de llorar hasta en momentos de felicidad extrema).
El siguió con su vida normal, de vez en cuando la extraña y siente desilusion por haberse dado por vencido tan rápido... mientras que muchas otras veces festeja, ya que ahora su alegría no solo depende de los momentos compartidos con ella.


- María Gabriela González.

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