martes, 27 de septiembre de 2011

300 entradas


Y acá estoy, una vez más. No tengo ni tiempo para vivir, y así y todo casi me caigo en la ducha porque estaba pensando en vos. ¿Qué ilógico no? Tanto tiempo después y me seguís haciendo perder el equilibrio. Igual lo bueno es que es distinto, me agarra cada tanto y es una sensación rara, te extraño, te odio, te necesito, te comparo… Y es ahí donde se me generan todos mis conflictos, yo seguí con mi vida, pero lamentablemente nadie es como vos. Igual, hay gente mejor, pero en cierto aspecto es donde vuelvo a extrañarte, porque sé que son mejores en cierto modo, que me cuidan más, que me quieren más y que verdaderamente “no saben qué hacer si me pierden” pero ahí es donde yo cambie, yo descubrí que no se necesita de nadie para seguir adelante.
Es decir, después de que en tu historial clínico diga “Intoxicación alcohólica” claramente uno tiene que cambiar. Que quede claro que no fue eso, fue una mezcla de todo, falta de apetito, bajar 6 kilos, llorar hasta casi deshidratarme y tomar un poco de alcohol y quedar totalmente fuera de mí misma. Como… como si vos fueras más necesario en mi vida que yo misma! Es una locura, pero lamentablemente en ese momento mi vida se me fue de las manos con vos (como tantas otras veces, no voy a mentir).
Pero bueno, volviendo, sé que alguien que ni se preocupa por vos en un momento como ese, es claramente alguien que no vale ni 10 centavos, perdón, mejor dicho eso demuestra que mi vida no vale ni 10 centavos para ese alguien y que verdaderamente no tiene que importarme tanto a mí, porque mi vida vale más que eso, porque yo sufrí por vos, te espere, te perdone, te elegí, te volví a perdonar, te enseñe cosas y te quise tanto como nadie jamás te va a querer, de eso estoy segura, así que por eso aseguro que mi vida vale más que la tuya, por eso supe que tenía que seguir adelante conmigo, aunque fuese sin vos…
Un año y tanto después sigo pensando lo mismo, es más, mi vida tiene muchas cosas buenas (otras malas, obviamente) pero que me permiten mantenerme fuerte en todo momento y me hacen saber que valgo mucho.
Por eso digo que te extraño pero de otra manera, porque verdaderamente extraño a la persona que algún día pudo valorarme y que, aunque sea una estupidés… espero que algún día lo vuelva a hacer.
Mucho tiempo después, aseguro que momentos como el de la foto son inolvidables y me los guardo en la memoria para siempre. Pero también aclaro que ninguna situación es insuperable.
Hasta siempre, para siempre.

Un hombre - Poldy Bird

¿Quién puede decir ciertamente lo que es un hombre? ¿Qué siente? ¿Qué piensa? ¿A que le teme? ¿Por qué vibra? ¿Qué es lo que más le interesa en la vida y en el mundo? ¿Hasta dónde es capaz de amar sin pensar que está loco o que es ridículo? ¿Quién puede decir que realmente conoce a un hombre...? ¿Quién puede decir que verdaderamente lo comprende...?
A veces pareciera que sí, que es posible, que atravesando el complicado laberinto de su pensamiento uno ha llegado al fondo, a ese lugar secreto, escondido, protegido por los cinco sentidos... y lo ha encontrado... Pero un minuto después el se rebela, borra todas las huellas, tuerce las agujas del reloj, cambia de voz, de piel, de convicciones, cambia la intensidad de la mirada, se vuelve hosco, lejano, inalcanzable (o nos hace creer que cambia de voz, de piel, de convicciones y que se vuelve inalcanzable...).
Y otra vez estamos afuera. Otra vez llamando a su puerta. Otra vez estamos comenzando.
Con un hombre nunca se está en camino. Siempre se está empezando a caminar...
No somos nosotras las que podemos apoyar la cabeza sobre su pecho seguro y descansar... sino que son ellos son los que terminan apoyando su cabeza en nuestro pecho y se quedan dormidos como niños.
Un hombre... Qué dilema.
Amamos a un hombre y nos abrimos con una daga para darle el corazón desnudo en la palma de la mano. Y él deja el corazón desnudo y tembloroso, porque tiene miedo de abrirse el pecho para cobijar ese corazón que se le está brindando.
Y cuando oye que su propio corazón late solo, dice que está solo "que está solo como siempre", sin darle importancia al otro corazón que fue arrancado valientemente de su sitio y cada vez más débilmente le ofrenda su latido.
Es que... tal vez él no quería que le diéramos el corazón, tal vez él quería solamente una sonrisa y nosotras, exageradas como siempre, le dimos el corazón.
Es muy posible que él buscara simplemente una oreja pequeña y bien formada para contarle sus penas, para darle, algunas veces, las palabras que excedan el recipiente... y nosotras, exageradas como siempre, le dimos nuestra vida.
Es probable que él buscara la suavidad de nuestra piel para sembrar en ella unos luceros que súbitamente le crecieron en la sangre, y nosotras, exageradas como siempre, le dimos nuestra sangre.
Quizá tan sólo quería tener cerca nuestro silencio, para poder pensar que estaba acompañado, y nosotras, exageradas como siempre, le dimos todos nuestros pensamientos.

¿Acaso no es cuando no damos nada cuando más recibimos de un hombre?
¿Acaso no es cuando damos solamente un poco de nuestra piel cuando recibimos todo de él: su piel, sus nervios, sus músculos tirantes, su clamor y su hoguera?
¿Acaso no es cuando le damos solamente el silencio cuando recibimos su grito y su llamado, su pedido de rodillas, su lamento estremecido atravesando las montañas, los valles, los ríos del universo?
¿No es cuando le dejamos en ristre la duda, que nos ofrece todas las certezas nos promete la luz, el agua, las estrellas?

Y cuando vamos por nuestro camino, sin detenernos, él estira sus manos y quiere llevarnos a su camino, dejarnos transitar por él, mostrarnos su puerto.
Y cuando no lo vemos, quiere que lo miremos.
Y cuando no lo amamos, quiere amarnos y hace lo imposible para que dejemos caer sobre él una gota de amor, pequeña y transparente como una lágrima.
Y sus manos son nido cuando no somos pájaros.
Y su ternura es vino cuando no somos cántaro.
Y su pasión es llama cuando no somos leña.
Y su cariño es un millón de luciérnagas cuando no somos noche.
Y su presencia es sol cuando no somos cielo, ni día ni le pertenecemos.
Un hombre es un hombre cabal, entero, valeroso y guerrero solamente cuando lo obligamos a luchar sin tener la certeza del triunfo.
Cuando nuestro jardín está sin siembra, él quiere recoger las rosas.
Cuando el muro es resbaloso y alto, él quiere treparlo y llegar hasta el final para ver que hay del otro lado.
Porque lo que verdaderamente quiere un hombre es conquistar la plaza que no se rinde nunca. Es alcanzar la palabra que no fue pronunciada. Es cortar las violetas que no fueron sembradas. Es devorar el pan que jamás fue amasado. Es escuchar la música que no fue compuesta ni tiene aún la melodía nacida.
Lo que un hombre quiere es ser niño cuando lo necesitamos hombre del todo. Y ser hombre cuando inventamos para él un parque con una calesita y un montón de hamacas.
Y busca que riamos como un sonajero cuando la tristeza nos atenaza el alma y una pequeña caricia de su mano serviría para disipar las sombras y las dudas.
Y quiere que volemos cuando él mismo ha cortado nuestras alas.
Y quiere que tengamos los colores del arco iris cuando el se ha encargado de borrarlos y dejarnos en blanco y negro, como a una vieja fotografía de la desolación.
Y odia nuestra felicidad, aunque sea él quien la haya provocado, porque la felicidad de los demás no lo hace feliz, como él pregona... Le provoca malestar, inseguridad, celos.
Es por eso que no sé, verdaderamente no sé de quién nos enamoramos las mujeres: si de un hombre o de la idealización de un hombre que tenemos en nuestra mente.
Si de un hombre o de la imagen nuestra que veremos reflejada en el espejo de nuestro propio corazón.

Y creemos que le teme a la soledad... pero él lo que ama en verdad es su soledad, y es eso lo que defiende como una brava fiera... porque esa soledad que le hace sentir que nadie va a cambiarlo, que es él mismo... y que un hombre no se da ni se comparte.

Tu defecto es el mío - NTVG

Tengo el alma hecha pedazos y a partir de acá no me hago cargo de nada, no te acerques tanto que te puedo lastimar y no me hago cargo de nada. Tengo las preguntas que siempre te quise hacer pero no me animo, tantas veces yo no me pude mover, es que tú defecto es el mio... Cuando ese silencio parece mortal, no tengo derecho a tratarte tan mal y son esas cosas que no quiero ver, no quiero ver, que no quiero ver.
Como pasa el tiempo y no puedo retroceder, ya no se bien lo que siento es que no quiero volver. Cuando ese silencio parece mortal, no tengo derecho a tratarte tan mal, y son esas cosas que no quiero ver, no quiero ver... Y cuando ese silencio parece mortal no tengo derecho a tratarte tan mal y son esas cosas que no quiero ver, no quiero ver, que no quiero ver.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Arde - NTVG


Tengo el disfraz o la manera, de que me quieras otro rato mas. Me olvidarás como a cualquiera, como algún día me dejaste entrar. No puedo darte mi vida, yo no tengo la salida ni la solución... Arden las heridas, arde la traición. Arden las mentiras, van directo al corazón...
Quise esperar lo que otros esperan, pero yo no soy de reclamar, no me conformo con lo que sea, pero algún día me dejaste entrar. No puedo darte mi vida, yo no tengo la salida, ni la solución... Arden las heridas, arde la traición. Arden las mentiras, van directo al corazón...



(Después de tanto... después de tan poco... si supieran se podrían llegar a sorprender)

domingo, 18 de septiembre de 2011

si te extraño no es extraño


Sé, tanto como vos, que ninguno está en posición de reclamarle nada al otro. Sé que cometí errores que no son imperdonables porque en algún momento yo te los perdoné a vos. Sé que es complicado pero que me encantaría llevarme bien con vos, por todo lo que vivimos, creo que al menos nos mereceríamos eso.
Lo que no sé es que pensas, que sentís, seguís siendo tan jodidamente cerrado como el primer día (aquel 3 de abril de 2009, que después de todo quedar en nada, terminaba siendo un todo y yo no sabía cuándo involucrarme verdaderamente con vos y cuando no). No espero que vengas un año y tanto después y me des explicaciones de nada, ya deje de esperarlas, decidí igual seguir con mi vida sin terminar de entenderte.
Lo que tampoco espero es que venga cualquiera y hable de más, porque yo no creo nada más de lo que escucho.
No sé tampoco que es lo que vengo a plantear, simplemente me dieron ganas de escribirte.
Ojalá algún día puedas valorarme como lo merezco…

domingo, 4 de septiembre de 2011

Nosotros - Poldy Bird.

Oh, no ha sido nada fácil el amor para mí. O mejor dicho, como afirma mi amigo Jorge M. "A nosotros, el amor nos cuesta tanto…".
Nosotros.
Qué nudo apretado esa palabra cuando involucra a dos.
Cuánta arena desparramada cuando se refiere a muchos que están aquí y allá…
Podría contarte mi vida de los últimos tiempos: ¿Qué hay en ella? Un ojo de cerradura por el que quiero espiar el futuro.
Miro, pero no veo nada.
Del otro lado está oscuro. O está vacío, que es casi lo mismo.
Hablo frente al espejo, frente a un rostro conocido y cansado, frente a un rostro desolado, frente a un rostro lavado, frente a un rostro recién maquillado, frente a una mujer que me ha acompañado permanentemente, que a veces reconozco y amo y a veces es una desconocida y me abruma con su pesar.
Cada mañana el día abre sus pétalos azules, me parece que perfuma, que algo maravilloso sucederá.
Cada mañana… y a la noche la flor está marchita.
No has llamado.
No has escrito.
No has venido.
Me pregunto si pensaste en mí.
Si has recordado.
Si has pronunciado mi nombre.
Me pregunto cuáles fueron tus pasos, adónde te llevaron, de qué manera sencilla y poderosa te alejaron de mí.
Qué música escuchaste.
Qué problemas tuviste, cómo los solucionaste, tú que eres experto en solucionarles los problemas a todos.
En qué rincón de tu corazón estoy… tan escondida, tan puesta allí por esa seguridad absoluta que tienes en mi amor.
Dime… ¿qué harías si supieras que otro me ronda, me insiste, que se preocupa por mí?
¿Qué harías si supieras que la soledad se ha vuelto un fruto tan pesado que puede quebrar la rama y caer en otras manos que no sean las tuyas?
¿Te conmoverías? ¿Sentirías celos?
Tontas expectativas las mías. Vanas.
Invenciones de mujer desesperada.
Jamás se cruzarían por tu mente esos pensamientos.
Y si se cruzaran los barrerías como el otoño barre con la brisa las hojas de oro envejecido que pierden los robles.
Hombre introvertido y omnipotente, ¿cómo puedo creer que tengas debilidades humanas?
Nada rompe tu armadura. Nada llega hasta el fondo de tu fondo, cerrado con mil candados.
Nunca le diste a nadie ninguna de tus llaves, y las has escondido tan bien, que ni tú mismo podrías hallarlas.
He buscado los caminos: directos, trabajosos, peligrosos.
He buscado atajos: saltando precipicios, sorteando obstáculos que parecieran insalvables.
He buscado las sendas que me lleven hasta ese escondite de tu corazón. Las he transitado… Pero nunca llegué.
Cuando no me interceptas con un desierto infinito, me detienes con un dragón de siete cabezas echando fuego por sus siete bocas, furioso.
Me interceptas, me detienes. ¿Qué defiendes, dime?
Yo no voy a atarte, ni a atacarte, ni a hacerte daño.
Simplemente me arrimo para andar a tu lado, para que tomes mi mano cuando la necesites y a veces también, sólo a veces, no siempre, tomes mi mano cuando yo lo necesite.
¿Es demasiado?
Dime:
¡Pero por favor, dime!
¿Es tanto?
Si me hubieras conocido hace años, nada me hubiese alcanzado.
Pero tantas angustias que vivido me han enseñado a aceptar espacios y silencios.
Aprendí la cautela.
Aprendí la resignación.
Aprendí la espera.
No es que me guste, no, ni que lo entienda. Solamente, lo aprendí de memoria, como esas horribles lecciones que se aprenden para pasar el examen obligatorio.
Y tú… ¿Qué aprendiste?
¿Aprendiste esa cómoda posición de esperar que un milagro te brinde las respuestas… que Dios en persona se aparezca ante ti para decirte lo que debes hacer?
¿Alguna vez sufriste por amor?
Pero pregunto si sufriste de sufrir, con la mente y con las tripas, las veinticuatro horas del día de corrido sin parar, sin descanso, sin calmantes, puro infierno nomás… Eso pregunto.
¿Sabes lo que es? ¿Tienes alguna idea?
No, no la tienes.
No puedes imaginarte lo que es.
Se trata de una experiencia intransmisible, intransferible.
Nosotros.
Qué bella palabra si nos encerrara a ti y a mí.
A ti, tan entero y sin huellas.
A mí, tan quebrada y dolida.
A ti, que el amor te ha sido concedido como una gracia.
A mí, que el amor me ha costado y tanto.
Nosotros.
Si de veras no quieres perderme, como me dices cada vez que te propongo un adiós definitivo, hazme creer que esa palabra al menos nos circundará como un anillo, aunque las separaciones sean más largas que los encuentros y los encuentros tengan la textura áspera de una inminente separación…