lunes, 25 de junio de 2012

No puedo reconocerme a mi misma detrás del espejo.

Comenzando… 1, 2, 3, me sale todo al revés… No es que este exagerando, ni compasión buscando, simplemente vengo a cantarles lo que por aquí anda pasando. (Bueno, no se como seguir rimando así que simplemente voy a escribir pensando.)
Suave desliza su mano sobre mi falda, lo dejo que se acerque hasta que me toca la piel y me retracto… Su tacto no es el mismo ¿o será que yo no soy la misma? Si él supiera cuántas veces otros estuvieron en su lugar creo que le daría miedo (por ser tan pocos, por ser tan especiales, porque estaría sorprendido de que haya participado de ciertas locuras).
En fin, me arrepiento una vez más y el me repite “no tengas miedo, ya no va a ser lo mismo, no buscamos compromisos así que estamos en la misma sintonía”. Le doy el okey y después lo freno, porque me quede pensando en algo, y me vuelvo verborragica “yo me arrepentí de haberte lastimado, no es que no quería estar con vos, llegaste a mi vida en un momento complicado, ya sé que no quita las heridas pero yo te lo aclare desde un principio, no quiero que parezca que te estoy histeriqueando, tampoco quiero pelear…” etc, etc, etc.
Él, me calla con un beso.
1, 2, 3, acepté…
Y después me levante, solitaria en mi cama, como si yo tuviera que adaptarme para remendar los errores del pasado.

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